16-oct. Lo único que cuenta es una fe activa en el amor (Gal 5,1)


Disfruto amando, en cualquiera de sus formas, siempre y cuando sepa que estoy amando. Da igual dónde esté, con tal de que sea capaz de poner amor en mi vida, de querer lo que hago, de meter pasión en la realidad, de vivir con cierta radicalidad lo cotidiano, de buscar la verdad, de estudiar con ilusión, de salir de casa y encontrarme con el hermano, de vivir en comunidad acogiendo. Da igual la forma, da igual la persona, da igual todo con tal de que sea amor. Sea quien sea, saber que puedo poner en su vida aquello que nace de lo más profundo de mi corazón. Sea hablando, sea abrazando, sea trabajando juntos, sea mirándonos, sea sirviendo, sea haciendo lo que tenga que hacer, o aquello que se sale de lo normal. Insisto, porque es la pura verdad del hombre, de mí en cuanto hombre y de cualquier otro hombre que haya pisado, pise o vaya a pisar la faz de la tierra. Nada hay comparable al amor en cualquiera de sus formas. Y si viviera amando siempre, en todo y a todos habría alcanzado la cumbre de la felicidad, la perfección plena, lo más humano y lo más divino, lo sublime y lo eterno.

Y, sin embargo, cada día experimento por otro lado la falta de libertad y la limitación en aquello que más deseo. Puedo salir dispuesto a darlo todo, y volver a mi casa replegado sobre mí mismo. Puedo querer, sin hacer otra cosa que quererme a mí mismo. Puedo servir utilizando y valiéndome del otro. Y, ante esta terrible verdad y certeza, sólo me queda desear aún más la promesa de libertad y de liberación que Dios ha hecho valen en Cristo Jesús, que es la de llamarnos a la vida nueva, saliendo de las antiguas esclavitudes. Especial, muy especialmente, de aquellas que nos encierran en nosotros mismos, nos hacen retroceder, nos empujan a buscar la seguridad de la ley y de las formas que hemos conocido, aquellas que tranquilizan la conciencia en lugar de espolearla. No hay más Ley para el hombre, ni norma que se pueda ajustar más a lo que es, que aquella que proclama que debe amar, pase lo que pase y cueste lo que cueste, al modo como Cristo nos ha amado. ¡Esa es la libertad! Si pudiese, Señor, darte toda mi vida hoy lo haría; para que tú la hagas nueva, toda nueva a tu imagen. Pero pides paciencia, sin retorno, escalando poco a poco sin mirar atrás, confiando en que tú salvarás el amor que haya puesto en mi vida.

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