28-oct. Lo importante aquí no es el ciego, ni las cegueras (Mc 10,46)


Aquí lo importante ni es el ciego Bartimeo, ni la capacidad que tenemos  para descubrir cegueras. En seguida arrancamos por esta vía, fácil de atravesar. Ni tampoco lo es el borde del camino, ni la manta ni el manto, ni el grupo de discípulos. Todo esto, que será significativo, no es el corazón de este Evangelio, tan explicado en tantas ocasiones, y tan aprovechado para hablar de tantos paralelismos. Si fuera lo importante, Jesús  habría dialogado con él sobre su situación y sobre lo penoso que es vivir al borde del camino. Jesús se habría detenido ahí, mostrando así a todos los hombres lo ciegos que estamos y lo tirados que andamos en ocasiones (¡qué contradicción esta de “andar tirado”!).

Lo importante es que Jesús da vista, ilumina incluso desde dentro, hace ver, despeja la mente, clarifica el corazón. Aquí encontramos lo que verdaderamente salva y la buena noticia. Y podemos desde aquí hacer todos los paralelos que queramos. Pero en aquel momento, ¡escucha!, no sólo fue Bartimeo quien recibió luz y pudo ver. Fueron todos. Y todos vieron lo que hasta ese lugar nunca habían visto. Y todos, entonces, fueron salvados. Y todos fueron acercándose a Jesús. Y todos quisieron pedirle algo. Algunos, seguro que sólo para ellos mismos, y otros seguro que incluso pidieron por el pobre Bartimeo. La cuestión entonces es cómo Jesús me da claridad, y cómo me permite ver. ¿Sólo por lo que hace en mí? En absoluto. Por lo que hace en el mundo, por lo que hace en la historia, por el testimonio de otros, por la claridad de otros, por la docilidad de otros, incluso por medio de la pobreza y ceguera de otros. Dios comparte con nosotros hoy la capacidad de ver. ¿Seremos capaces de pedirle, como Bartimeo, “quiero ver como tú me ves”, “quiero ver como tú ves el mundo”, “quiero ver con tu corazón”? ¿Conocer a Dios, entender su voluntad, querer lo que Él quiere? Ver no es simplemente “ver con los ojos”. Aquí hablamos de fe, de confianza, de entrega. De ganas desbordadas de servir al Señor y estar cerca de Él. Y de dar testimonio de la fe. ¿Pediremos hoy a Dios esa cercanía a su Misterio de Amor y de Salvación?

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