14-dic. Te enseño para tu bien (Is 48,17)


TE ENSEÑO PARA TU BIEN. Acabo de escribir esta frase en la portada de la agenda que llevo todos los días a clase. Allí donde Dios me ha puesto para educar, para enseñar, para tratar temas, para escuchar preguntas, para encontrarme con el mundo y con el futuro en el rostro de mis alumnos. Unos días más dormidos que otros, la verdad. Tanto ellos, como yo. Unos días más entregados a la tarea que otros, tanto ellos como yo. Unos días más cordiales, amenos, simpáticos y risueños que otros, tanto para ellos como para mí. Y así, para que no se me olvide, podré acordarme de que Dios me ha puesto en la clase para educarme a mí, y que tengo que fiarme de su Palabra, y que he de aceptar y tener siempre presente que ese es mi lugar de salvación. No otro, sino ese. Porque Dios quiere enseñarme, quizá más de lo que yo quisiera aprender. Lo mismo, dicho sea de paso, que lo que expresan en ocasiones los rostros de mis alumnos.

Conservaré esta frase para mí. No egoístamente, también puede ser tuya, y ojalá fuera mi modo de proceder siempre, el de hacer las cosas no por mi bien, sino por el bien puro y duro de mis alumnos, y ojalá también mi palabra pudiera ser tan recta y firme como la de Dios, tan fiable y creíble como la suya. Pero no será, no será así nunca. Porque el Maestro, el Señor, es Él. Y ojalá, insisto hoy como deseo, no se me olvide. Por lo que pueda pasar, por lo que pueda venir. Y tenga siempre presente que el camino fácil no conduce lejos, y que el camino de Dios es más suave, su carga es más ligera. A lo mejor dejándome enseñar y educar, aprendiendo algo, a lo mejor llego algún día a contar algo de verdad interesante en mis clases. No sobre una materia, sino sobre lo que de verdad importa, sobre la vida, sobre el amor, sobre la fe, sobre Dios. Y hablar no con alumnos, sino con hermanos, con personas como yo, con otros que también tienen que hacer camino, con aquellos con quienes compartiré furuto, con quienes sufro y me alegro igualmente. Ojalá comience, verdaderamente en mi clase, la salvación para todos, la confianza en Dios. Ojalá. Hoy sólo puedo decir eso, ojalá. Pero mañana, para que no se me olvide, lo tendré escrito y bien escrito en mi agenda.

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