25-sep. Canto de desesperación (Job 3,1)


El canto de Job no se reduce a su historia, sino a la de muchas personas, demasiadas personas que sienten que su vida se desmorona y no les queda otra salida más que la desesperación, el desencanto, la angusta, el astío y la continua preocupación por ellos y por los suyos. Ojalá fuese un libro en el que aprender eso que no deseamos para nadie. Ojalá no hubiese más testigo de esta tragedia que el hombre Job, el de carne y hueso, que se sintió roto internamente y despojado de todo cuanto tenía. Pero no. No es sólo Job. Junto a él en la historia hay muchos. Y él pone palabra a la situación de un gran número de personas que, sin saber ni cómo ni por qué, o sabiéndolo, se encuentran abandonados y desdichados, sin ilusión ni ganas ni pasión por la vida. Por ellos, tantos e innumerables y a la vez con rostro humano, Job canta hoy un poema triste y melancólico. Ojalá, de verdad, fuese sólo un poema que nada tuviera que ver con la realidad.

Por otro lado, me parece que tenemos que considerar igualmente que Job encuentra un interlocutor capaz de darle respuesta. No se basta a sí mismo, sus amigos se vuelven un tanto insolentes a lo largo del libro, añadiendo aún más desesperación por otro lado, pero Dios no calla. Job, al tiempo que siente distancia, sabe que puede confiar en Dios incluso su lamento, y esperar en ese diálogo, en esa conversación y canto angustiado con Él. Reproches, lamentos, quejas abundan por todo el libro, al igual que la incomprensión de Dios, la hondura de su Misterio y la esperanza en que Él es quien puede salvarle del pozo en el que se ve sumido. Con Dios, junto a Él, de quien no se quiere separar, Job resiste la desolación y al final habla porque ha visto.

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12-sep. La representación de este mundo se termina (1Cor 7,25)


Ya sabemos que Pablo, en su momento, entendió que el final de los tiempos estaba cerca, porque Cristo había cumplido todo en el mundo. Si todo estaba terminado, ¿qué sentido tiene que este mundo exista? Si Cristo trae la novedad radical, si ya tenemos de nuevo acceso al Padre, ¿para qué vagar y divagar más? ¡Esto se termina! ¡Preparad el final!

Sin embargo, los planes de Dios no funcionan con lógica humana. En lugar de eso, ahora es cuando más y mejor podemos disfrutar de este mundo, conociendo al Señor y amando a su medida. Ahora sí, antes de Cristo era diferente. Pero ahora que está el camino abierto, que hay vida, que la verdad se ha dicho al hombre… ¡ahora sí! Como peregrinos, ciertamente. Sin contar que lo de aquí es definitivo, es verdad. Este mundo pasará, terminará, y nosotros en él. No así la vida que Dios nos ha regalado, no así el amor entregado, no así la comunión. Ya podemos imaginar y vivir un mundo nuevo, aquí en la tierra, y en presencia del Señor. Este plan, que es el proyecto de Dios para cada hombre, tiene más luz ahora que antes, tiene más fuerza ahora que antes. Ni nos ha dejado, ni nos abandona. Pero todo ha sido renovado, desde dentro, y todo es nuevo, por eso la contradicción. ¿Cómo vivir entonces, como ángeles? ¡No, no somos ángeles! ¡Como personas amadas por Dios! Sin cerrar los ojos, abriéndolos a la verdad.

Deportados (2Re 24,8)


El breve texto que hoy leemos supone uno de los mayores acontecimientos de la historia del pueblo de Israel, por tanto de la historia de la salvación. Será recordado para siempre como la antítesis de la liberación de Egipto, la vuelta a la esclavitud, la ruina de Jerusalén, el espolio de las cosa de Dios. ¿Cómo cantar al Señor un canto en tierra extraña? Y sin embargo, conserva la huella de la voluntad de Dios. Visto desde los ojos de los hombres no es más que una derrota, una gran derrota. Quien lo contempla desde el Señor, observa cómo sigue salvando y liberando la historia, la humanidad. Hoy Dios salva deportando.

Como me parece escandaloso dejarlo en ese punto, y me rechinan los dientes al saber que en nuestro mundo existen hoy deportados, desterrados y alejados de sus raíces, anoto que Dios vence al mal siempre. No es una palabra ajena a la historia de la salvación, ni motor de pasividad, sino confianza, ánimo y fuerza que nos mueve. Junto a los grandes desterrados de la tierra, injustamente pisados por luchas, intrigas y repartos ajenos a ellos, también existen destierros en otro orden, más humano, más moderno, más comunes de los que pensamos. Ayer una persona se asombraba de la destrucción humana generada por la postmodernidad. ¡Ahí tenemos también un destierro cercano!